La albiceleste perdió 1-0 en la final del Mundial ante España con un gol de Ferran Torres a los 106 minutos. Argentina resistió durante más de cien minutos, jugó parte del suplementario con un hombre menos por la expulsión de Enzo Fernández y estuvo a un paso de llevar la definición a los penales.
La Selección salió al MetLife Stadium con la ilusión de volver a escribir una página dorada en el fútbol. Lionel Scaloni, con respecto al último encuentro frente a Inglaterra, hizo tres modificaciones: Rodrigo De Paul en lugar de Giuliano Simeone, Gonzalo Montiel en lugar de Nahuel Molina y Nicolás González en lugar de Leandro Paredes. Del otro lado esperaba una España que llegaba como una de las selecciones más sólidas del torneo y sin cambios en el once inicial luego de la victoria ante Francia en semifinales.
Desde el minuto uno, España tomó la iniciativa del juego, manejó la posesión de la pelota y buscó imponer el ritmo del encuentro a través de los pases. Argentina le costó competir y se vio completamente superada por La Roja. Se replegó, cerró espacios, cedió la pelota y apostó a un partido largo.
Las lesiones obligaron a modificar los planes de Scaloni, ya que Lisandro Martínez a los 44 minutos debió abandonar el campo tras sufrir una molestia física que le impidió continuar. En su lugar ingresó Nicolás Otamendi.
Para la segunda mitad, Scaloni movió el banco e ingresó Paredes por Nico González. El desarrollo del partido fue el mismo, Argentina replegada casi en su propia área y España atacando cada vez más el arco del «Dibu» Martínez, quien con sus atajadas mantenía la igualdad.
Como si fuera poco, en el minuto setenta, Cristian «Cuti» Romero tuvo que salir reemplazado por una lesión. El entrenador argentino se vio en la obligación de cambiar a los dos zagueros centrales en una final del Mundo. Entro Facundo Medina por el defensor del Tottenham.
Sobre el cierre de los 90, antes del inicio del tiempo suplementario llegó una acción que condiconó el partido. Enzo Fernández vio la tarjeta roja tras una doble amarilla y el seleccionado nacional se quedó con diez futbolistas para afrontar la prórroga. El panorama empeoró por completo.
España llegó a convertir a través de Nico Williams, pero fue anulado tras una falta previa a Otamendi. Parecía que el destino llevaba la final hacia los penales, como en Qatar 2022, pero las finales suelen decidirse por detalles.
En el arranque del segundo tiempo suplementario apareció Ferran Torres. Luego de una asistencia de cabeza de Williams, el delantero definió de zurda para vencer al «Dibu» Martínez, que hasta ese momento había sostenido con enormes intervenciones decisivas el arco argentino. El 1-0 fue un golpe durísimo para un equipo que había dejado todo en cada pelota y que, incluso con un futbolista menos, seguía soñando con llevar la definición hasta los penales.
A pesar del desgaste físico y del impacto anímico que significó el gol, Argentina no bajó los brazos. Empujó con el orgullo e intentó acercarse al arco de Unai Simón a través de pelotas paradas, con tiros libres y córners que llevaron peligro sobre el área española. Sin demasiadas fuerzas, la Albiceleste fue en busca del empate hasta la última jugada. El pitazo final encontró a los jugadores tirados sobre el césped. Algunos llorando, otros abrazándose.
Las finales se ganan o se pierden. Pero el fútbol también se construye a partir de los legados que dejan los equipos capaces de trascender los resultados. Y este grupo hace tiempo dejó de depender de una copa para entrar en la historia. Lo hizo por su forma de competir, por la identidad que recuperó para la Selección, por el sentido de pertenencia que transmitió dentro y fuera de la cancha y por haber vuelto a conectar a millones de argentinos con un equipo que representó como pocos el orgullo de vestir la camiseta celeste y blanca.
Lionel Scaloni transformó una Selección golpeada en un equipo admirado por el mundo. Le devolvió identidad, compromiso y sentido de pertenencia. Formó un grupo donde el esfuerzo colectivo siempre estuvo por encima de cualquier individualidad.
Lionel Messi ya no necesita demostrar absolutamente nada. El mejor futbolista de todos los tiempos volvió a conducir a su país a una final mundialista, compitió como siempre y dejó otra muestra de liderazgo. Ninguna derrota puede modificar todo lo que construyó con esta camiseta.

Sigan o no al frente de Argentina, el agradecimiento será eterno. Gracias, capitán. Gracias, Scaloni.