Todos los clásicos del fútbol argentino marcan el semestre, o incluso el año, de los equipos. Algunos son capaces de superar el golpe que provoca una derrota y a otros los hunde anímica y futbolísticamente. Pero en el de Avellaneda hay un factor que se viene repitiendo al menos en los últimos tres clásicos. El Racing de Costas llegó a las últimas contiendas como un equipo consolidado, con el apoyo de su gente y con objetivos que van más allá del Derby. En cambio, el Rojo juega con la impaciencia del hincha producto de los malos rendimientos que se sostienen a lo largo del tiempo y que tienen como consecuencia la necesidad de ver al clásico como un resurgimiento o la destrucción total. Si Independiente ganara, pelearía campeonatos y tendría una estable salud institucional, puede perder un clásico que, aunque sería un golpe muy fuerte y que te puede condicionar por el resto del año (como a todos los equipos), no tendría la misma magnitud que una posible derrota mañana. Porque lejos de cumplir con las características anteriormente nombradas, el equipo de Gustavo Quinteros se va silbado partido tras partido, y la dirigencia actual, comandada por Néstor Grindetti es constantemente insultada por cada sector del Libertadores de América.

El hincha de la Academia mira este contexto fin de semana tras fin de semana y se retuerce de las ganas que le genera ser él quien le de ese golpe final, el KO. Racing se ganó en la última década ser el equipo que mejor llega, a veces más parejo o en algún caso, como con el Independiente de Holán, con la balanza inclinada al sector Rojo. Si bien el historial favorece ampliamente a Independiente, las nuevas generaciones de hinchas de Racing crecen con constantes triunfos clásicos. Imagínese que hace nueve años que el hincha del Rojo no ve un triunfo en su cancha frente a Racing (En 2021 se jugó sin público debido a la Pandemia). Entonces, es hora de que los dirigidos por Costas se cuelguen esa mochila aún más y, primero, sigan agrandando la historia de Racing con alegrías y títulos que llenen su gloriosa vitrina y, segundo, no dejen salir del pozo el cual está hundido Independiente desde hace más de 20 años y sea Racing quien lo hunda cada vez un poco más.