8 agosto, 2026
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Viernes 7 de agosto por la tarde. Las calles dicen que desde la derrota en la final del mundo frente a España, no volvió a salir el sol. Pero el invierno, que todavía no se quiere ir, dio un poco de tregua y le permitió un rato. Entonces, se iluminó el Enrique Sexto, dónde Gral. Lamadrid hace sus veces de local. Las brisas de frio no se van, Lama de su cancha tampoco. Desde sus primeros días, allá por 1950, que es su casa. La bonita Villa Devoto era utilizado como un basural, por lo que hubo que poner en condiciones el terreno. Más de 70 años después, un hermoso club abre sus puertas.

La humildad del ascenso es proporcional al amor que hay por darle vida a aquellos clubes que le dan vida al barrio, que abrazan a esos pibes que eligen patear una pelota. En zona de reducido, el Carcelero sueña con volver a Primera «B». En frente, el histórico Deportivo Español. Promesa de gran partido. El silbato suena y la pelota rueda, de fondo, el paisaje no es cualquiera. Detrás de la tribuna adornada por la ya mítica bandera «Las Malvinas son Argentinas» y donde alientan «La Banda de Devoto», se avista la Cárcel de Devoto. De allí el apodo «Carcelero». Quizás sea una particularidad única en el mundo, una cárcel y una cancha de fútbol frente a frente.

Una cuadra separan la Cárcel de Devoto del Enrique Sexto.

La historia cuenta que el ascenso a Primera «C» en 1983 no se festejó únicamente en la cancha. Desde la cárcel se sacaron banderas y se tiraron papelitos. Detenidos que entraron como hinchas de un club pero salieron de Lamadrid, después de seguir su campaña tras las rejas. Cánticos y gritos que los mitos urbanos dicen haber escuchado. En el cotejo de la fecha, puse todos mis sentidos a disposición de escuchar al menos un «¡SOS UN PRESO!», de preso a jugador, pero no pude. Sí se puede visualizar unas rejas y ventanas que deben dificultar la visión, incluso no podría afirmar en la actualidad si aún quienes están allí tienen la oportunidad de disfrutar del Lamadrid de Aldirico.

En los 90 minutos no pasó mucho, terminó 0-0. Se prestaron la pelota, ambos tuvieron ocasiones de gol y el Gallego falló un penal. Aún no terminan las pretensiones de ambos, que sueñan con el ascenso. Lo que para el futbolero puede ser considerado un partido «aburrido», estoy seguro que para quienes están tras las rejas fue la final de la Champions League. Un gol o cinco no es lo mismo que un rato de libertad. Me quedaré con la duda de si solo se grita en las tribunas.